Biopolítica del carrete

Descubrí que me encanta carretear en día de semana y quiero hacer un llamado a que esta práctica se haga algo normal.

Pasa que uno dice que salió un lunes y te responden “choaaa que eris lanzada» pero llega el viernes y todos entran en una competencia por hacerse pico.

Uno debiera poder hacer lo que quiera a la hora que quiera. Ya tenemos que trabajar en horarios de mierda que ocupan las mejores horas de estos hermosos días soleados, por lo menos el tiempo en el que supuestamente no le rindo cuentas a nadie yo debiera poder hacer lo que se me pare el hoyo.

Es rico interrumpir esa rutina de tortura que es la semana laboral y también es mega rico que llegue el fin de semana y dedicarte a hacer nada en vez de participar de un ritual autodestructivo que apenas te deja tiempo para recomponerte un domingo en el que estás todo el rato lamentándote de lo que te toca al otro día.

Puede parecer menor preocuparse por este tema pero creo firmemente que estas rutinas asumidas son prácticas biopolíticas intensas y si queremos lograr la abolición del trabajo hay que reflexionar sobre el asunto. El tiempo que dedicamos a la celebración o a la contemplación debiera ser sagrado porque es el tipo de tiempo que más nos hace humanos. Es tiempo al que le debiéramos rendir horarios y dedicación. No puede ser que nos importe más cumplir con un trabajo que odiamos que con nuestro crecimiento espiritual.

 
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