Chile sin futuro

Leía Zanjón de la Aguada de Pedro Lemebel y en una de sus crónicas presentaba la indignante situación de la llamada Mesa de Diálogo entre sobrevivientes de la dictadura y los perpetradores de torturas y asesinatos. Lo humillante del asunto partía por lo lingüístico: la cosa era un “diálogo” o sea violadores de derechos humanos impunes y sus víctimas estaban en plena horizontalidad. Dialogando.

Al pasar escuché una mierda de radio, creo que era la Zero, y presentaban una especie de efemérides diciendo algo como esto: “el 11 se septiembre del 73 hubo un golpe militar que para unos marcó el inicio de una dictadura y para otros fue un pronunciamiento. Es un tema que divide”. Seguro que la tontona que leía ni se cuestionó el texto al momento de grabar y probablemente el periodista que le escribió el libreto también asumió que aquello era algo “objetivo” de decir.

Así es Chile. Se entiende como debate objetivo el poner frente a frente y como iguales a la dignidad mínima y al delirio. Ocurre un milagro y hablan sobre aborto en la tele porque nuevamente han violado a una niña de 13 años a la que obligan a parir y llevan a una activista de los derechos de las mujeres a discutir con un chiflado tipo pastor Soto. Este debate demencial prende y decenas de miles de tontos en los medios y las redes sociales se detienen a opinar cosas casi siempre sin saber y todo se diluye en una larguísima producción de contenido irrelevante olvidando el problema inicial para siempre.

Se mueren los milicos asesinos y torturadores y seguimos sin saber el destino de miles de desaparecidos. Cada 11 de septiembre nos detenemos en prestarle atención a la UDI y a todos los que defienden todavía sin ninguna vergüenza la dictadura y los medios terminan abordando el asunto como un “debate” como si la posición infame de la derecha fuera comparable al empapelamiento anual que se hace en el Estadio Nacional con los rostros de los miles de torturados y asesinados. Una puesta en escena devastadora pero que en este país es aceptable cuestionar.

Chile es la cúspide perversa del afán de la discusión “multisectorial”, del “escuchemos a todos”. Hay que pedirle permiso a 500 empresarios antes de hacer algo bueno por los trabajadores, a 500 curas antes de proteger legalmente a las mujeres. Es obvio que esta aproximación política es insultante, ridícula, no sirve para nada y tiene a este país convertido en un resumidero de estupidez.

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