Coney Island resiste

Ahora pienso que en los balnearios más antiguos los pueblos resisten. Hoy la gente que gana plata puede irse a otros países de vacaciones, a las fantasías playeras del turismo. El caribe, el medio oriente, alguna isla de moda.

En Chile no la lleva ir a El Quisco, en Bristol no la lleva ir a Weston Super Mare y en Nueva York no la lleva ir a Coney Island. Son una categoría de balneario que entró a la decadencia, donde sólo hay lugar para una foto irónica que se sube al Instagram.

De las cosas para hacer en estas playas nada califica para una revista de esas del avión: la comida es mala, la gente fea y un filtro gris se superpone a todo.

Coney Island es sede del campeonato mundial de comer completos, un enorme marcador ocupa el costado de un edificio completo mostrando a los actuales campeones y exhibe un contador de los días que quedan para la siguiente edición del torneo que se hace cada cuatro de julio.

Recuerdo en Weston Super Mare a una señora de más de ochenta años subida en un carrusel, recuerdo tomar Báltica en Cartagena con mis amigos y ahora estoy en la playa de Coney Island sola leyendo, fumando pito y tomando helado. Ya no sé si veo con buenos o malos ojos las actividades de los balnearios que nadie quiere pero pareciera que cuando el ojo capitalista deja de posarse sobre un lugar es como si lo dejara tranquilo, ése es el momento en que nuestros impulsos se extienden de una forma que la ciudad jamás permitiría.

IMG_1387

UTBQ9159  JUKK6448

IMG_1392