Maraqueo en la literatura universal

¿Cómo fue que nos dimos cuenta que la vida de hogar era una trampa? Muchas se avisparon demasiado tarde, son nuestras hermanas caídas que tienen que permanecer encadenadas para siempre a cambio de migajas. Dar la vida por unos cabros chicos, dar la juventud por un hombre insípido.

En este texto quiero hacer un recorrido totalmente arbitrario en escenas claves respecto al maraqueo y su vinculación con el matrimonio en algunos de mis libros favoritos de la literatura universal. Quiero hablar de tres dimensiones del maraqueo y su enfrentamiento a la vida tradicional heterosexual, las dimensiones son las siguientes:

1. el hombre que no soporta el maraqueo

2. el dolor por no maraquear

3. lo bello del maraqueo

Raymond Carver en el cuento Quieres hacer el favor de callarte por favor, habla del momento en que miró a su esposa como una persona con su propio universo, esto ocurre en la luna de miel:

“Pero la visión que habría de recordar siempre y que más lo turbó no tenía nada que ver con México. Atardecía, anochecía casi, y Marian estaba inclinada hacia adelante, inmóvil, con los brazos apoyados sobre la balaustrada de hierro de la casita alquilada, y Ralph subía por el polvoriento sendero que ascendía hasta la puerta. Marian tenía el pelo muy largo, y le colgaba por delante de los hombros, y no le miraba a él sino hacia otra parte, en dirección a algo perdido en la lejanía. Llevaba una blusa blanca y un fular de un rojo vivo al cuello, y Ralph pudo apreciar el vehemente empuje de sus senos contra la tela blanca. Ralph llevaba una botella de vino oscuro y sin etiqueta, y el episodio entero le trajo a la memoria cierta secuencia fílmica, un momento de honda intensidad dramática en el que Marian podía tener cabida pero no él.”

Hay un hombre que no se imagina a su mujer haciendo lo que quiera porque por sobre todas las cosas odia el placer femenino. En la historia de Carver luego nos enteramos que el tipo enloqueció al enterarse que su esposa lo había engañado con otro así que la golpeó hasta dejarla inconsciente en el suelo. El episodio de adulterio volvía una y otra vez a la mente del protagonista y años después del escándalo, este hombre, aún indignado le pregunta a su esposa lo que siempre quiso saber: si su antiguo amante tenía el pene más o menos grande que él.

El segundo punto que quiero exponer es el dolor por no maraquear. Es necesario reconocer esto como un padecer, el dolor de no salir, de no vivir, de no maraquear. Para esto cómo no recurrir a mi novela favorita: Madame Bovary, que sitúa este sentimiento prácticamente a la altura de un tema universal. Ya todos sabemos más o menos que el libro se trata de que un día convidan a Emma Bovary a un baile estupendo, con hombres hermosos y gente llena de vida pero ella ya está casada con un pusilánime así que se tiene que devolver a su vida fome cuando termina la fiesta. Ese deseo no ejecutado se transforma en una profunda miseria que no tiene nada de superficial. Hay un extracto muy revelador en el momento en que la protagonista, una vez embarazada, derrotada, desea un hijo y no una hija proyectando la repetición de sus miserias:

“Un hombre, al menos, es libre; puede entregarse a las pasiones, recorrer países, superar obstáculos, gustar las dichas más exóticas. Pero a una mujer todo esto le está continuamente vedado. Inerte y flexible a un mismo tiempo, tiene en contra suya las molicies de la carne, junto con los rigores de la ley. Su voluntad, como el velo de su sombrero sujeto por un cordón, palpita a todos los vientos; siempre hay un deseo que arrastra y alguna conveniencia social que refrena.”

Es un daño tan grande el que se nos ha hecho al hacernos creer que nuestros impulsos, nuestras pasiones son malas, o que son superficiales, como si no fuera tremendamente político decidirse por la disidencia sexual, por explorar nuevas formas en el romance y el placer. Es aquí donde conectamos con el tercer punto de esta presentación: la apreciación por lo bello del maraqueo.

Personalmente anhelo un mundo donde trabajemos por la belleza de la insatisfacción y de estar disconforme con el destino que la sociedad capitalista y heteropatriarcal nos impone. Celebrar el dejarse llevar por las pasiones, esos pensamientos calientes que no se te quitan de la cabeza. Todo lo que la vida de hogar matrimonial nos impide.

Y es con una mujer con quien quiero terminar este recorrido, la fantástica Clarice Lispector que en Cerca del Corazón Salvaje habla del matrimonio de una forma extremadamente elocuente:

“El casamiento es el fin, una vez que me haya casado no podrá pasarme nada más. Imagínese: tener siempre una persona al lado, no conocer la soledad. ¡Dios mío! No estar consigo misma nunca, nunca, nunca. Ser una mujer casada, es decir, una persona con el destino trazado. De ahí en más solo cabe esperar la muerte. Yo pensaba: ni la libertad de ser infeliz se conserva, porque se arrastra consigo a otra persona. Hay alguien que siempre nos observa, que nos escruta, que acompaña todos nuestros movimientos. Hasta el cansancio de la vida tiene cierta belleza cuando una lo soporta sola y desesperada -pensaba yo. Pero de a dos, comiendo a diario el mismo pan desabrido, asistiendo a la propia derrota en la derrota del otro… Eso sin contar el peso de los propios hábitos reflejados en los hábitos del otro, el peso del lecho común, de la mesa común, de la vida común, preparándose para la muerte bajo la amenaza de la muerte común. Yo siempre decía: nunca.”

La vida de hogar es un veneno y las lecturas son el antídoto. Lecturas para entender que nuestra economía y nuestra cultura son una trampa para reclutarnos en las filas de la heterosexualidad más aburrida. Con libros es que terminamos entendiendo que el matrimonio, la monogamia, la heterosexualidad son una opresión que podemos derrotar y así empezar a entender los placeres desde una nueva dimensión, desde una dimensión rebelde donde eres dueña del equilibrio hasta el nivel de decidir perder el equilibrio. Dile a un hombre que eres una maraca y mira su cara desfigurarse, míralo y dile textual estas palabras: cuando soy maraca soy tu fantasía y a la vez tu peor pesadilla.

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