A mujerón and a mother in pain: the challenges of translating Junot Díaz

(This is a short log I submitted to my seminar on Literature across Cultures at the University of Utrecht for the session on (un)translatability)


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Maraqueo en la literatura universal

¿Cómo fue que nos dimos cuenta que la vida de hogar era una trampa? Muchas se avisparon demasiado tarde, son nuestras hermanas caídas que tienen que permanecer encadenadas para siempre a cambio de migajas. Dar la vida por unos cabros chicos, dar la juventud por un hombre insípido.

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Ahora ellos leen feminismo pero son más de lo mismo

Lo empecé a entender a partir de una experiencia que tuve trabajando con un movimiento de izquierda chileno que me parecía de lo más decente. No quiero decir cuál porque no creo que se trate de un caso puntual (son los que hicieron un gran show pobre este año XD) sino que es algo que atraviesa a todas las agrupaciones políticas.

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Incontinencia mercantilista

Unas semanas atrás alojé una noche en la casa de un matrimonio que había fallecido hace poco sin dejar descendencia.

Todo estaba intacto y había un olor a encierro polvoriento porque había tantos cachivaches en esa casa que pasar el plumero era evidentemente una tarea fundamental que no se estaba cumpliendo.

Prácticamente toda la propiedad era una especie de museo del fallecido dueño. Cada pared estaba llena de fotografías y documentos enmarcados. En las imágenes se podía ver a este señor viajando, compartiendo con cuestionables autoridades políticas y siendo premiado por su labor como demócrata.

El cabro que me invitó, me hizo notar cómo la casa completa era un collage dedicado a la trayectoria de este hombre mientras que sólo en la cocina había un espacio para un despliegue similar de recuerdos de la dueña de casa. Ella usó un formato muy parecido al de su megalómano esposo y repletó una muralla con marcos de foto. Vi su rostro, vi a sus parientes, vi la ciudad de donde venían sus antepasados. Mirábamos y nos daba pena la situación.

Esa noche bajé a hacerme un pan y descubrí el opulento catálogo de electrodomésticos que tenía esta señora en la cocina: cuchillo, rallador y pelador a pilas, un aparato muy feo que envolvía eléctricamente cuestiones en plástico, un horno del porte de una cómoda con decenas de funciones. Volví a la pieza matrimonial y vi que en el rincón donde esta mujer ponía sus cosas había un espejo que ajustaba distintas iluminaciones para maquillarse correctamente de acuerdo a las horas del día.

Este es el punto donde debiera concluir que la señora se compraba tanta lesera para sobrellevar sus represiones. O que simplemente éste era un matrimonio aburrido y con plata entonces comprar cosas innecesarias era una actividad normal.

Pero aquellas explicaciones son demasiado policiales.

Las tecnologías pueden tener una dimensión tan íntima y performativa. Cada uso de un aparato cualquiera define identidades y sitúa al sujeto en una red de significados interconectados. Importa demasiado quién fabrica determinado objeto y por qué. Comprar un dispositivo es firmar un contrato donde casi siempre dejamos que el aparato haga lo que quiera con nosotros.

Me contaron que ella fue quien murió primero y a las pocas semanas falleció su esposo. La casa hay que desocuparla y todo lo que hay dentro va a haber que botarlo a la basura.

Patriarcado social media

Mi resentimiento con los hombres no sólo es por la tonelada de privilegios que ellos tienen y que yo nunca tendré. Es también por todo el tiempo que me han hecho perder por estar preocupada de cómo tener romances con ellos.

Es cierto que son hermosos, que es para derretirse cuando derrochan seguridad y te agarran del brazo para llevarte a algún plan que ni te imaginas.

Pero creo que les he destinado demasiado tiempo de mi valioso cerebro.

Típico que una se entera de tantos músicos, escritores, científicos, que todavía van en el colegio y están haciendo cosas asombrosas: Rimbaud desde los 12 escribiendo poemas espléndidos, Alan Turing convirtiéndose en un experto de la criptografía a los 15, Jarvis Cocker fundando Pulp a los 15 también. Yo a esa edad estaba preocupada de gustarle a un cabro que su banda favorita era Incubus ¡Incubus po!

Lo peor es que hay mujeres adultas que siguen en la misma: dedicadas a gustarle a los hombres ya sea desde la idea mujer buscando pololo o mujer “liberada” cuya vida está centrada en acumular hombres. Esta triste realidad no sería posible sin la complicidad de las tecnologías de Internet que hacen que vivamos para eso: para ser mina en Instagram, para ser unas sicópatas de Facebook, para dedicarle horas al Tinder.

Qué deprimente.

Como si no hubiera nada mejor que hacer.

La vertiente de las tecnologías que más me interesa es cómo su construcción técnica es capaz de determinar nuestro imaginario personal y social. Cada vez es más difícil distinguir los límites entre mente y máquina, entre cuerpo y máquina. Me aparece una alerta en el teléfono avisando que tengo que acostarme con el tipo que la empresa Tinder me sugirió y el filtro que inventó un técnico de la empresa Instagram se superpone a mi fotografía y devengo en un ser aceptable para los circuitos virtuales.

En el Manifiesto Cyborg, Donna Haraway propuso la posibilidad de la tecnología como un argumento para el placer en la confusión de los límites, una posibilidad post-género de identidades cyborg parciales y contradictorias en su relación con las máquinas. Esto definitivamente no ha ocurrido. Las relaciones de poder están intactas. Las estructuras patriarcales como la familia, la acumulación y la mujer como vasija para la reproducción siguen sólidas. La ideología liberal goza de buena salud en gran parte gracias a las tecnologías de Internet que mediatizan nuestras relaciones al máximo, nos segregan de tal forma que las diferencias se hacen invisibles y nos moldean como seres productivos a diario según las ideas que estas empresas tienen de cómo tiene que ser un humano.

¿Qué nos ofrecen las tecnologías de Internet a las mujeres? Pura banalidad.

Entendiendo la interseccionalidad

La aproximación teórica de la interseccionalidad ha sido un gran aporte para el estudio de las discriminaciones. Intentando una definición se podría decir que la interseccionalidad es un modo particular de entender el domicilio social de determinados individuos o grupos en una red sistemática de opresiones que funcionan en dominios estructurales, disciplinarios, hegemónicos e interpersonales. Me gusta el concepto porque ha superado la interpretación derrotista posmoderna y permite articular activismos críticos.

Patricia Hill Collins es un referente claro al estudiar interseccionalidad. Su libro Black Feminist Thought (que es excelente y que cité para hablar de música y mujeres hace un tiempo) expresa con claridad cómo el feminismo negro es interseccional en el sentido que no obedece sólo a la discriminación de género sino que es atravesado por otros componentes discriminatorios como la raza, la clase y un montón más.

El ejemplo del feminismo negro se puede extrapolar con facilidad a otras condiciones de opresión y en este breve texto quiero hacer ese mismo ejercicio pero desde la pobreza.

Chile es un país donde la multiplicidad de opresiones es de locos, vivimos en lo que debe ser una de las sociedades más clasistas del mundo, donde miramos dos segundos a una persona y ya podemos localizarlo socioeconómicamente. En Chile ser pobre, verse como pobre es una tragedia pero eso no quiere decir que la pobreza no intersecta con otras formas de opresión.

Me da mucha rabia cuando hay que tenerle pena y aceptarle todo a un pobre. Recuerdo una discusión con una persona con estudios de posgrado que me decía que estaba bien que entre fanáticos del Colo Colo y la U se llamaran “zorra” o “madre” porque era una tradición centenaria popular el humillarse tratándose como mujeres. O el caso del futbolista que choca curado y se niega a ser tratado como un ciudadano común haciendo valer un privilegio social que su plata y posición le confieren de una forma indistinta a los delincuentes del caso Penta cuando piden tratos especiales. La gallada apoya al futbolista y sectores de izquierda mencionan que el tipo viene de un contexto de vulnerabilidad social por lo que hay que entenderlo.

El corazón de la teoría de la interseccionalidad radica en lo incompleto del intento de derrotar opresiones por sí solas porque emergen tarde o temprano sectores privilegiados que traicionan a los oprimidos iniciales. Es el caso que menciona Simone De Beauvoir en El Segundo Sexo donde las mujeres de clase alta no se inscriben en la lucha feminista porque privilegian su posición social.

Lo digo como persona pobre: no sirve de nada reivindicar la identidad pobre sin estar consciente de las redes de privilegio que atraviesan nuestra existencia en este universo neoliberal discriminador por definición. Es fundamental identificar nuestras opresiones, como dice Terry Eagleton esa es la clave para nuestra emancipación. Pero un pobre reconvertido en millonario que usa sus privilegios de millonario para ejercer una superioridad que sólo le sirve a sus pulsiones individualistas y burguesas no nos aporta nada a quienes estamos por la conciencia de clase e imaginamos un mundo solidario.

Brienne y Renly

En el capítulo de anoche de Game of Thrones, Brienne contaba la historia de por qué había decidido servir a Renly Baratheon.

Pasó que cuando Brienne era chica su papá la presentó en sociedad para encontrarle marido, ella, grandota y ahombrada no quería participar del evento pero la obligaron.

En la fiesta todos los cabros querían bailar con ella, se peleaban, le ofrecían matrimonio. Brienne no daba más de felicidad, se miraba con su padre y se sonreían por lo bien que estaba saliendo todo.

Pero Brienne alcanzó a escuchar a escondidas a algunos de los invitados riéndose de ella, de lo fea que era. Todo era una broma.

Brienne lloraba destrozada hasta que llegó Renly, ultra-mino hermano del rey. Le dijo párate y sé digna y que no llorara por esos sacos de huea.

Y Renly la sacó a bailar. Todos quedaron impactados porque ese hombre hermoso deseaba estar con esa mujer tan poco femenina. Si los pobres tipos de la broma planeaban un remate, éste no se realizó.

Me cargó la explicación en un principio. No me gustaba que una de las mujeres de la serie que más defiende sus derechos y su dignidad debiera su inspiración a una historia digna de comedia adolescente.

Después cambié de opinión.

Porque hacer como que las violencias cotidianas no te afectan es una mentira, por muy tontos que sean sus fundamentos. Claro, si te educas, llega un momento donde prácticamente ya no te preocupas de los hombres ni de lo pensarán de ti, pero la mayoría de las mujeres crecemos en un entorno donde el fracaso en el amor romántico es el terror más enorme. Y si uno se detiene un poquito se hace evidente que “amor romántico” significa matrimonio, familia y sumisión.

Tras la fiesta esa, Brienne tomó un camino no tradicional en el que no le importó que le dijeran fea, amargada, camiona, qué se cree esta mujer haciendo cosas de hombre (¿Suena familiar no?). Terrible hubiera sido que, al saberse indeseable, se buscara un hombre feo, penca y poca cosa, un peor es ná ¿Y cómo no agradecer de por vida el haber sido rescatada de ese triste destino?

Más significativo aún es que quien la rescató haya sido Renly Baratheon, homosexual.

Pocos son los hombres heterosexuales que ven con claridad las trampas del matrimonio y las estructuras familiares, no lo ven porque es una estructura en la que son los privilegiados ¿Desarrollarme profesionalmente mientras en casa tengo una esclava que me atenderá el resto de mi vida? ¿Qué tiene de malo?

En la capacidad de visualizar esas trampas y de celebrar con alegría el escape de éstas, se fundamentan millones de amistades entre mujeres y gays. El hombre blanco se ha dedicado a mirar con desprecio estas relaciones, burlándose y tratándolas de superficiales, ignoran o prefieren ignorar la profunda solidaridad que representan los vínculos sólidos entre dos personas de grupos históricamente marginados. Si le agregamos un componente de clase, el lazo en términos de significado político puede ser más potente aún.

Estas son las alianzas que harán la revolución. No las izquierdas históricamente machistas.